SU DESCANSO

En los albores de la venida del Reino y a la espera de entrar en Su Descanso.
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EL CALENDARIO DE DIOS

Parte II: Por fin se descifra en Calendario de Dios en su totalidad.

El diluvio ocurrido en los días de Noé es uno de los misterios más debatidos de la historia, en muchos aspectos.  Una de las objeciones de los escépticos es la falta de armonía cronológica interna del relato.

Mediante este análisis el lector va a entender, la forma en que Dios mandó contar el tiempo, su verdadero calendario, el cual, por muchísimos años, ha estado escondido.

Vamos a descubrir que el calendario de Dios es mejor que ningún otro calendario conocido y que es el único que explica a satisfacción los lapsos contenidos en el relato diluviano.

Este calendario se encuentra descrito en el libro de Enoc I, el cual como hemos probado en otros artículos, contiene relatos inspirados, como la profecía de las semanas y la profecía citada por Judas “el hermano del Señor”.

Aquellos que han leído el calendario de Noé, en el capítulo  72 de Enoc I, lo han descartado por parecer impreciso. Pues bien, vamos a revelar la pieza de información que falta en dicho relato y que es la clave para entender el calendario divino.

Una vez entendido el calendario, seremos capaces de conocer precisamente el tiempo en que ocurrieron los acontecimientos y hasta el día de la semana en que pasaron.

LOS CALENDARIOS DE USO ACTUAL Y EL CALENDARIO DIVINO

En la actualidad, por lo general se utilizan el calendario gregoriano y el calendario judío. El calendario gregoriano es una variante del calendario juliano establecido por Julio Cesar, y es un calendario solar.

Por otra parte el calendario judío actual es un calendario luni-solar, que toma en cuenta la luna nueva para el comienzo de los meses, pero que intercala meses cada cierto tiempo para compensar el atraso de la luna respecto al sol. Muchos afirman que  este calendario se remonta hasta la creación de Adán mismo, no obstante, la evidencia histórica y lingüística apuntan a que el calendario judío actual se basa en el calendario lunisolar babilónico.

Según el calendario judío el año tiene  de 354 días; un año corto es de 353 días y un año completo es de 355 días o 385 días si este es un año bisiesto, aunque también hay años bisiestos de 383 y 384 días. Los años bisiestos se repiten siguiendo el ciclo metónico de 19 años, el cual es el tiempo aproximado que se tardan la luna y el sol en estar en fase.

Los meses judíos actuales son: Tisri, Hesván, Kislev, Tebet, Shebat, Adar, Nisán, Iyar, Siván, Tamuz, Ab, Elul. El nombre de estos meses y su sistema calendario se originan en Babilonia. Siguen una secuencia alternativa de meses de 30 y 29 días y es en realidad, el calendario babilonio antiguo.

Por otra parte, el calendario bíblico más antiguo, que data por lo menos de los tiempos de Noé, describe los meses por número. Los nombres de los meses judíos antiguos de Etanim, Ziv y Abib, probablemente son nombres asignados a posteriori a los meses primero, segundo y séptimo respectivamente. El primer mes, Etanim, comienza en el equinoccio de otoño (Septiembre/Octubre) y equivale al mes babilónico de Tisri. El séptimo mes es el mes de Abib que coincide aproximadamente con el mes babilónico de Nisán; así mismo el mes segundo o Ziv coincide con el mes de babilónico de Iyar.

El mes de Abib (séptimo mes) fue cambiado a ser el primer mes del calendario israelita de la salida de Egipto. (Exodo 12:1,2;13:4).

Es según este calendario que se cuentan y fechan todos los acontecimientos desde la salida de los israelitas del cautiverio en Egipto el 15 de Abib del año 2513 A.A. (Año Adámico) o 1457 A.N. (Año de Noé). Es decir el año 457 del segundo milenio de la semana milenaria que comenzó con el nacimiento de Noé.

1 Reyes 6:1 fecha el comienzo de la construcción del templo de Jehová en Jerusalén en el año 480 de la Salida de Israel de Egipto, en el segundo mes, es decir el mes de Ziv. Esto demuestra a claras que la forma oficial de contar el tiempo de los israelitas fue el calendario que Dios instituyó a la Salida de Egipto, basándose en el calendario de Noé más antiguo.

En lo subsiguiente analizaremos el calendario de Noé y por ende el calendario de la Salida y demostraremos que se trata de los calendarios solares descritos en el libro de Enoc, El libro de los Jubileos, y otros documentos encontrados en el siglo pasado en las cuevas de Qumram en la vecindad del Mar Muerto.

Con este propósito, es indispensable que encontremos prueba inequívoca en la escritura canónica, lo cual otorgará autoridad definitiva a estas afirmaciones.

 

EL AÑO DEL DILUVIO FUE UN AÑO COMPLETO

Muchos han tratado de armonizar sin éxito los lapsos descritos en el diluvio. Para esto han tenido que recurrir a muchas suposiciones, especialmente porque el relato contiene fechas específicas, las cuales deben sincronizarse con los lapsos contenidos. Hasta el presente, esto no ha sido posible lograr.

Primeramente diremos que la forma en que se relataba en aquellos tiempos era diferente a la forma de redacción actual. La forma, el tiempo y la rima poética jugaban un papel preponderante, de modo que las oraciones muchas veces no siguen un orden consecutivo, y queda en el lector encontrar el sentido secuencial del relato. En el caso del relato del diluvio, el desconocimiento de la duración de los años y de los meses, ha dificultado aún más su entendimiento.

El diluvio comenzó en el segundo mes del año seiscientos, en el día diecisiete del mes y terminó el día primero del primer mes del año seiscientos uno, por tanto, si el relato es real e inspirado por Dios, deberíamos ser capaces de encontrar la duración en días del año seiscientos, y no solamente eso, sino también encontrar su secuencia y sentido lógicos.

Ahora bien, sin eliminar nada, ni sobre interpretar el relato encontramos los siguientes lapsos descritos.

1.- Desde el comienzo del año, el 1 del Primer mes (Etanim, equivalente a Tisri), hasta el día anterior al comienzo del diluvio, el 16 del segundo mes ( aprox. Hesván), 46 días. El primer mes  tiene 30 días, no solo en la cultura judía, sino que para todo calendario lunar o luni-solar conocido. A estos le añadimos  los 16 días del segundo mes. (Génesis 7:11)

2.- Dice el relato que las aguas cayeron por cuarenta días completos. Incluyendo el día diecisiete que es cuando empezó a llover. (Génesis 7:17)

3.- Luego de esto pasaron 150 días completos, cuando las aguas “prevalecieron” o “continuaron anegando”. (Génesis 7:24)

4.- Luego otros 150 días completos hasta el primer día del primer mes del año 601, cuando las aguas “empezaron a retirarse” y luego “faltaban”. (Génesis 8:3, 13)

Así, la suma de lapsos consecutivos nos da 386 días= 46+40+150+150. Por tanto, la duración del  año seiscientos es de 385 días, si no tomamos en cuenta el primer día del año 601;  

                                 Entonces:   duración del año 600=386-1=385 días          

Esto nos indica que el año 600 fue un año bisiesto completo (385 días), según los estándares del calendario lunisolar utilizado por el judaísmo moderno y que fue propuesto por Hillel en el siglo cuarto de nuestra era.

Este hecho podría llevarnos a la conclusión a priori de que Noé utilizó este calendario ya para esta época. Para confirmar esto debemos ver si el resto de las fechas contenidas dentro del relato se compadecen con el calendario de Hillel.

La respuesta es no, el relato no concuerda con el calendario judío actual.

Queda al lector comprobarlo por sí mismo.

EL CALENDARIO QUE UTILIZO NÓE

No encontramos en las escrituras canónicas ningún indicio del calendario que Noé pudo haber utilizado, salvo la duración del año del diluvio. Todas las armonizaciones propuestas hasta ahora son forzadas, hasta eliminando un lapso de 150 días por ejemplo.

Como ya se dijo, el libro de Enoc nos revela el calendario que Uriel, el ángel de Dios, le reveló a Enoc. Y esta parte del libro la relata el mismo Noé. También se registra este calendario en el libro de los Jubileos (otra obra judía antigua), y en documentos encontrados en Qumram. (Enoc I 72: 32; 73:12; Jubileos 6:2)

Este calendario es de 364 días por año, y se dice que es perfecto, porque las estaciones no se adelantan ni se atrasan.

Pues bien, cualquier estudiante elemental conoce que el año tiene 365 días, y cualquier estudiante secundario sabe que el número más exacto es 365 ¼ o 365.25 días. Por esta razón se aumenta un día a febrero durante un año solar bisiesto cada cuatro años.

Investigando un poco más a fondo, encontramos que mediante los instrumentos de precisión, hoy se ha podido determinar que el año solar sideral, es decir,  aquel que se mide respecto al cosmos, dura exactamente: 365.256 363 051 días (365 d 6 h 9 min 9.7676 s).( http://www.en.wikipedia.org/wiki/Year ). No obstante es el año anomalístico, el que determina la duración exacta de la traslación de la tierra, y determina el tiempo exacto que le toma pasar nuevamente por el mismo punto en su órbita alrededor del sol. El año anomalístico dura exactamente 365.259635864=365.26 (precisión 37 cien milésimas de día  2.55 horas cada 7000 años).

De manera que, para el orden de magnitud de nuestra época, podemos decir que  365.26 es el valor exacto de la duración del año real.

Así, el año de Noé, (tal como se formula en el Libro de Enoc y otros documentos encontrados en Qumram) le queda debiendo exactamente 1.26 días al año real o año anomalístico. De modo que la sentencia del ángel resultaría falsa, a no ser que falte información, esto es, la forma en que se debe compensar esta diferencia con uno o más años bisiestos. Al no ser un escrito canónico, es probable que el Libro de Enoc sea un compendio de un escrito más antiguo, una paráfrasis o hasta una interpretación. Aún así, nos sirve de referencia en nuestro estudio de las escrituras canónicas, pero su autoridad queda supeditada a la comprobación con las mismas.

Pues bien, si el año del diluvio (año 600) según lo relata Noé tiene 385 días, este debe haber sido un año bisiesto, pero falta saber cada cuánto tiempo se lo debe incluir en el calendario. Como vimos el año del diluvio incluyó 21 días más que el año regular de 364 días.

Recordemos que el año judío sigue el ciclo de 19 años descubierto por Metón, el cual es un ciclo aproximado de lunaciones respecto al sol. La luna se atrasa poco más de diez días y medio anualmente respecto al sol, por esta razón hay muchos días que compensar según este complicado calendario lunisolar.

En el caso del calendario de Noé, según afirma Enoc I y lo confirman otros documentos encontrados en las cuevas de Qumram en la zona del mar Muerto, es una corrección del calendario lunar más antiguo de 30 días por mes y doce meses por año, y se logra aumentando cuatro días a lo largo del año de la siguiente manera:

MES

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

Total

C.ANT

30

30

30

30

30

30

30

30

30

30

30

30

360

C. EN

30

30

31

30

30

31

30

30

31

30

30

31

364

(Enoc 75:1,2)

 

ENCONTRANDO EL AÑO BISIESTO

Ya sabemos que un año bisiesto en el calendario divino tiene 21 días adicionales, ahora nos falta encontrar su frecuencia, y el ordenamiento de sus meses.

Para encontrar la frecuencia del año bisiesto hemos hecho el siguiente cálculo:

Falla=Año exacto - año regular de Noé=365.26-364=1.26 días.

Año completo (diluvio) menos año regular del calendario de Noé=385-364=21 días.

Tenemos que compensar entonces un sobrante de 1.26 días… en un lapso de 21 días.

La frecuencia sería entonces: Frecuencia del año bisiesto: 21/1.26= 16.666666667

Además observamos que 16.666667 x 3= 50 años.

16.666667x2=33.333333333 años

16.666667 anos es 16 años y 2/3 de año, es decir 16 años y 8 meses exactamente.

Tomemos como punto de partida el año seiscientos, el cual sabemos, porque lo hemos comprobado, fue un año bisiesto.

En el próximo artículo mostraremos que la semana intercalar añadida después del cuarto mes, siguiendo la posición de Adar I en el calendario judío (sexto mes), hace coincidir exactamente los tiempos registrados en el diluvio.

Por tanto, comenzando en el cuarto mes del año 600 sumemos períodos de 16 2/3 años, para así ubicar los años bisiestos dentro de una centuria:

Año 600 +5 meses + 16 A 8 meses= 617 A 1 mes= 617 ; intercalar el segundo mes del año 617

617 A 1 mes + 16 A 8 meses= 633 A 9 meses; intercalar el décimo mes del año 633.

633 A 9 meses+ 16 A 8 meses= 650 A 5 meses; intercalar el sexto mes del año 650.

Esto completa el ciclo de los años bisiestos.

Para una centuria completa tenemos que los años bisiestos serían:

17—1 mes, 33—10 mes, 50--- 6 mes, 67—1 mes, 83--- 10 mes y 100—6 mes

No obstante, lo más probable y lógico sería intercalar el período de 21 días antes del sexto mes en cada año bisiesto por igual. La intercalación quedará más clara en el próximo artículo, que es cuando analizamos en detalle la cronología del diluvio universal.

El año del diluvio era, como se demostró, un año bisiesto, ya que duro 385 días, y un múltiplo de 50, el cual es una unidad básica de tiempo del calendario de Noé.

Ahora calculemos el año promedio, según el calendario de Dios:

Durante un periodo de 50 años de 364 días más 3 períodos intercalares de 21 días cada uno, el año promedio en días  se calcula de la siguiente manera:

Año promedio= (50x364+21x3)/50=365.26.

Igual para una centuria: (100x364+126)/100=365.26

Recordemos que el año real (anomalístico) es el tiempo que le toma a la tierra en completar una revolución completa alrededor del sol, con respecto al perihelio, el cual ocurrió el 3 Enero del año 2010. El año real para la presente época astronómica es de 365.2596 días. De modo que la aproximación de este calendario es de 37/100000 (más corto) lo cual significa que se adelantaría solamente 2.55 horas cada 7000 años, lo cual es despreciable.

La aproximación es realmente asombrosa, especialmente si se considera que de hecho existen pequeñísimas variaciones de época en época. Debido a los ciclos de precesión  del plano de la órbita terrestre, y las variaciones de su excentricidad. De hecho el ciclo admitido  de estas dos variables es de cien mil años. Además el hecho de que se adelante compensaría pequeños atrasos debidos a fenómenos naturales, como lo fue el terremoto cataclísmico que acaba de ocurrir en Concepción, Chile.

De modo que podemos decir que el defecto del calendario de Noé es cero: no tiene defecto.

Volviendo al tema de los meses intercalares, recordemos que el calendario de Noé le fue dado como una corrección del calendario lunar de 360 días que se utilizaba en aquella época. (Simplemente 12 meses de 30 días)

Al mismo tiempo, la cuenta y nombre de los meses del calendario judío vigente son también muy antiguos. Así es que es una buena suposición decir que el mes intercalar siga la posición que sigue en el calendario judío (Hillel). En ese caso, el mes intercalar sería Adar I, que se intercala después del quinto mes, pero con una duración de 21 días en lugar de 30 días como en el calendario judío. Esta suposición quedaría, sin embargo, supeditada  a comprobación, lo cual haremos en un próximo artículo. Veamos cómo se relacionan los dos calendarios mencionados con el calendario de Noé respecto a la intercalación:

                                                    AÑO BISIESTO COMPLETO            

Mes

Tisri

Primer mes, Etanim

Hesván

Segundo mes: Ziv

Kislev

Tercer mes

Tebet

Cuarto mes

Sebat

Quinto mes

Adar I (mes        intercalar)

C. Antiguo

30

30

30

30

30

No intercal.

Cal. Hillel

30

30

30

29

30

30

Cal. Enoc

30

30

31

30

30

21

 

 

 

Mes

Adar II

Sexto mes

Nisán

 Septimo mes, Abib

Iyar

Octavo mes,

Ziv

Siván

Noveno mes

Tamuz

Decimo mes

Av

Onceavo mes

Elul

Decimosegundo mes

Total

CA

30

30

30

30

30

30

30

360

Hillel

29

30

29

30

29

30

29

385

Enoc

31

30

30

31

30

30

31

385

 

Si la posición del mes intercalar, armoniza completamente con el relato del diluvio, esto confirmará una vez más su autenticidad y que la suposición fue correcta.

Esta última confirmación de las escrituras canónicas demostrará de forma definitiva  que lo que describimos en este artículo es el verdadero calendario de Dios.

Pero antes algo más.

 

 

DÍAS Y SEMANAS DE HOMBRE

Una vez que hemos analizado la forma en que Dios cuenta el tiempo, aún nos queda una consideración más que se deriva de un análisis cuidadoso de las escrituras. Nos damos cuenta que Dios definió también la centuria como una unidad de tiempo, de forma parecida a que lo hace con los milenios. De hecho, la centuria define la duración de la vida humana. Es decir, un día de hombre (vida de un hombre o época de un hombre) dura cien años. Como consecuencia, una semana de hombre dura setecientos años.  Génesis 15:13-16; 17:17; Romanos 4:19, Isaías 65:20.

Esta información es pertinente en el análisis de la impresionante profecía de las 10 semanas registrada en el libro de Enoc.  Como dijimos anteriormente, este libro contiene partes inspiradas, como lo es la cita de Judas 14 entre otras citas del nuevo testamento.

Además, como hemos visto en este artículo, nos revela el calendario divino.

Otra sección de este libro profetiza los hechos que habrían de ocurrir desde la creación del primer hombre hasta el comienzo del descanso de Dios.

En armonía con la tradición rabínica, y en consonancia con lo que hemos inferido del estudio de las escrituras, la profecía de las 10 semanas de Enoc, predice que desde la creación de Adán habrían de pasar 7000 años, y nos da una asombrosa descripción de lo que habría de ocurrir durante cada una de las semanas de setecientos años.

El artículo “La Profecía de las diez semanas de Enoc” da cuidadosa atención a esta profecía.

A medida que avanza este estudio incluiremos la secuencia cronológica de acontecimientos registrados en la Biblia y la historia relacionada. Uno de los puntos de comparación serán las semanas de la profecía de las semanas del capítulo 93 de Enoc I.

 

EL PUNTO DE PARTIDA

El conocer el calendario divino no nos sirve de mucho si no encontramos un punto de partida. Esto es un acontecimiento que marque el año y el día según este calendario.

Pues lo tenemos. El diluvio comenzó en el año seiscientos en el segundo mes, el día diecisiete. Además de eso conocemos un año registrado en la escritura que se conoce con absoluta certeza respecto a la historia moderna. Es el año 568 que corresponde al año 37 del reinado de Nabucodonosor. De este año se posee un registro astronómico detallado, por tanto se lo puede ubicar con certeza en la corriente del tiempo. Además, este mismo año está conectado por la cronología bíblica hasta la creación del primer hombre Adán. De manera que, con estos datos es posible determinar el día y la hora en que nos encontramos en este momento, dentro del calendario que Dios utiliza.

Además recordemos que Dios descansó en el séptimo día después de terminar de crear, por tanto el diluvio ocurrió en el primer día de la semana milenaria, habiendo sido el año 601 el primer día de la siguiente semana de años.

Es más, el libro de los jubileos afirma que el 17 del segundo mes era la luna nueva del tercer mes, lo cual es lógico porque el año comenzó atrasado 21 días. Y dice también que el primero del primer mes del año 601 también hubo luna nueva, lo cual también es lógico, por cuanto ya se habían compensado los 21 días de atraso. Como dijimos, el año comienza el cuarto día de la semana.

Estos datos nos permitirán calcular con precisión cuando y donde en la corriente del tiempo ocurrió el diluvio.

Así, según el calendario de Dios, el diluvio comenzó un Viernes 17 del segundo mes del año 600.

¡Dios finalmente ha revelado los tiempos y sazones! ¡Hoy estamos en la jurisdicción indicada! (Hechos 1:6,7)

                                                                                              

QUE HACER CON ESTE CONOCIMIENTO

El conocimiento del calendario divino es muy importante y debe movernos a continuar estudiando la Palabra con ahínco, sabiendo que Dios ha revelado “los tiempos y sazones en su propia jurisdicción”, tal como lo dijo Jesús. (Hechos 1:7) Debe motivarnos a confiar más en las escrituras y a rectificar los errores cometidos.

Por ejemplo, en el caso de los cristianos fundamentalistas, que creen que el mundo, con Universo y todo se creó en 6 días literales, el conocimiento de la forma en que Dios cuenta el tiempo les debe llevar a reconocer su error.

Es notable que la astronomía moderna ha descubierto que tanto la excentricidad de la órbita elíptica de la tierra, como el grado de inclinación de esta sobre su propio eje, varían en ciclos de cien mil años, es decir cada veinte mil cuarenta jubileos.

Si el calendario se proyecta en tramos de siete, 50, mil  y siete mil años, bien puede ser que existan jubileos cada cuadragésimo noveno milenio, y días “siderales” de cien mil o un millón de años, y así sucesivamente. De manera que los días en que se creó el mundo bien pueden haber durado 6 millones de años o seis mil millones de años, y no necesariamente seis días de veinticuatro horas. Ahora bien, también resulta obvio que Dios calibró la rotación, traslación y nutación de la tierra a una unidad de tiempo que El ya utilizaba.

Tenemos un trabajo enorme por delante: afinar toda la cronología bíblica con el uso del calendario divino.

Los que han leído las versiones anteriores de este trabajo, notarán que hemos afinado muchas cosas a medida que avanza nuestra investigación.

Y quizás, si es la voluntad  de Jehová, el maravilloso Revelador de Secretos, podamos saber con antelación el tiempo de la revelación de su Hijo, Jesucristo. Si no, por lo menos nos queda la satisfacción de haber llegado a conocer un poquito más la mente de Dios.

 

Escrito por Pericusmeus

11/11/09  Editado en 05/10/2010

 

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