EL NOMBRE DE DIOS Parte III
PORQUE DEBE USARSE EL NOMBRE JEHOVÁ
“Yo soy Jehová, ese es mi Nombre…..” (Isaías 42:8)
Muchas personas se oponen apasionadamente a la utilización del nombre Jehová para referirse al Dios Todopoderoso.
El principal argumento es que, según dicen, es un barbarismo que resulta de la inserción de las vocales equivocadas por parte de los masoretas.
Como he demostrado en el artículo anterior este argumento no tiene merito alguno, porque los nombres teofóricos de la forma EO (derivados del nombre de Dos) utilizados en la septuaginta griega y otras fuentes, antecede a la intervención de los masoretas y demuestra que la forma IEOUA es sumamente antigua y es la forma que los hebreos utilizaban.
Así mismo hemos mostrado los argumentos de los eruditos en cuanto a la forma Yahweh, y llegamos a la conclusión de que esta forma se acomoda más a la pronunciación aramea del nombre.
Siendo los idiomas arameo y hebreo idiomas hermanos y de origen común, no es posible determinar cómo Dios pronunció su propio nombre cuando primero se lo comunicó a Adán y los patriarcas.
El idioma arameo se llama así por Aram el hijo menor de Nacor, el hermano de Abraham, el hebreo.
El hebreo, por su parte, debe su nombre a Heber, el nieto de Sem y ascendiente de Tare, el padre de Abraham y de Nacor.
En otras palabras ambos idiomas tienen un origen común, y corresponden al idioma original de la humanidad, antes que Dios confunda los lenguajes en Babel.
Así, ambas formas tienen su mérito propio y si alguien escoge una u otra para referirse a Dios no comete blasfemia ni comete ningún pecado.
Es mi criterio personal que la forma IHEOUA es el sonido más cercano a la pronunciación original.
A partir de esta se ha forjado con el uso la pronunciación Jehová en idioma castellano, a partir del latín IEOUA.
Es obvio que, aunque la pronunciación castellanizada no es la original, no tiene sentido el abstenerse de utilizarla por este mero hecho.
Alguien me decía: “Nadie en el cielo se llama Jehová”.
Este es un argumento completamente inválido e ilógico, porque nadie en el cielo se llama Jesús tampoco.
Si, porque la palabra Jesús es la forma castellanizada de la palabra hebrea Yeshuah o de la forma aramea Yahshuah, y tal como en el caso de Yehowah y Yahweh, no hay forma de determinar cuál a ciencia cierta sería la pronunciación más aproximada al idioma original que hablaron Adán y Eva.
En otras palabras, si aceptamos objeciones como estas, no deberíamos pronunciar el nombre Jesús, ni el nombre Juan, ni el nombre Jeremías; en realidad ningún nombre de origen hebreo- arameo, porque la pronunciación castellana es diferente.
La realidad es que TODAS las palabras que se absorben de otro idioma sufren una adaptación fonética, adquieren una forma diferente a la original al evolucionar a una forma más fácil o más natural para los que hablan el idioma.
Si fuera importante la pronunciación original y exacta de cada palabra, prácticamente nos quedaríamos mudos.
Las palabras y el idioma tienen como objetivo y meta primordial comunicar pensamientos, y si esto se logra, entonces la pronunciación pasa a segundo plano.
Otro problema en la adopción de vocablos de otro idioma es la confusión que puede existir con palabras ya existentes.
Por ejemplo, la palabra yegua en el idioma castellano sirve para identificar a la hembra del caballo, y puede confundirse con la pronunciación hebrea del nombre de Dios. De manera que la utilización de vocales más fuertes como la J en vez de la Y y la V en lugar de la W, evitan este tipo de confusiones, en ese idioma en particular. Lo mismo sucede en otros idiomas.
Así mismo, el sonido español “Jehová”, tiene un significado poco honroso en los idiomas semíticos, y causa el rechazo de muchos que lo conocen. Por eso en dichos idiomas debe utilizarse la forma aceptada y apropiada.
Por tanto, los usuarios interpretan la pronunciación de los nombres o vocablos de manera que se adapte mejor a sus costumbres, cultura y su idioma particular.
Lo cierto es que la escritura contiene la palabra YHWH cerca de 7000 veces en el antiguo testamento y se utiliza para referirse al Dios Todopoderoso y los ángeles a quienes ha concedido llevar su nombre para representarlo.
Además, a partir de la Septuaginta Griega y los manuscritos en arameo del nuevo testamento, se puede determinar que el nombre también aparecía en los originales del nuevo testamento, y que simplemente al traducir se incorporó la forma Kirios o Señor en lugar del tetragrámaton YHWH.
Estos hechos demuestran más allá de toda duda que Dios tiene un nombre personal, y que este nombre ha sido revelado con el propósito de que lo identifiquemos plenamente y nos refiramos a Él.
Este nombre tiene un significado en los idiomas originales, el cual describe las características únicas del Dios Todopoderoso, esto es:
- El es Ser por excelencia
- Es Creador Omnipotente
- Se revela según su voluntad.
- Es la causa de todo lo existente.
- Es Amo y Señor de todo lo existente
De manera que al utilizar la expresión “Jehová” para referirnos al Altísimo, estamos reconociendo e incluyendo todos los otros nombres o términos con los cuales nos podríamos referir a Él.
Todos los demás apelativos respetuosos son apropiados y su utilización se basa en lo que dicen las Sagradas Escrituras. No obstante el único nombre que Dios mismo reveló con su propia boca y dijo que es su nombre propio es el nombre Jehová.
Este nombre debe utilizarse con sumo respeto y reverencia, en obediencia al tercer mandamiento.
Escrito por: Pericusmeus
06/24/2011
El Nombre de Dios Parte I